Crítica literaria: Un mundo equivocado

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Un mundo equivocado

Verano

J. M. Coetzee

Mondadori, Barcelona, 2010 |  18 €

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Cerrando el ciclo autobiográfico compuesto por “Infancia” (1997) y “Juventud” (2002), John Coetzee escribe el Premio Nobel de Literatura “Verano” realizando un giro estilístico completo y absolutamente original al olvidar al narrador en tercera persona para transcribir falsas entrevistas noveladas que serán realizadas por el biógrafo del propio Coetzee (que en la novela ya habrá fallecido).

Sin embargo, lo que realmente destaca de esta obra es la infinidad de pistas que el autor nos deja para entrever al verdadero protagonista, el Coetzee novelado, el que, rondando la treintena, aún no ha conseguido ningún reconocimiento como escritor y, desarraigado de su país, vive en las afueras de Ciudad del Cabo.

 

Cinco personajes se encargarán de esbozar una personalidad introvertida, excéntrica, neutra, desconfiada, desconocida, torpe y seca; cinco personajes que, durante todo su relato, reconocen haber intentado orientar al protagonista hacia el orden y la estabilidad. Puede resultar paradójico si al analizarlos detenidamente nos damos cuenta de que muchos de ellos sufren inestabilidades: Julia, amante de Coetzee despechada por su marido; Margot, la prima de Coetzee que, a pesar de estar felizmente casada, no puede concebir; Adriana, la madre de una de sus alumnas que le detesta profundamente; Sophie, que afirma estarle agradecida por ayudarle a salir de un mal matrimonio pero que también reconoce que la esencia de la relación entre ambos era cómica. Finalmente, también encontramos el relato de Martin, amigo y colega de la universidad, que afirma que no conocía al protagonista íntimamente. A estas entrevistas se suman fragmentos de cuadernos de notas con y sin fecha del propio John Coetzee.

Tales son las aparentes fuentes de la futura biografía del escritor. Su investigador, además, no conoció personalmente al protagonista aunque pudo haberlo hecho así. En ocasiones, como queda reflejado en varias de estas falsas entrevistas, se aficiona a cambiar las historias y los detalles deliberadamente a la vez que subraya los episodios más morbosos y sensacionalistas en detrimento de los directamente relacionados con la filosofía y obra del autor.

Pero Coetzee, en la novela, no aparece como un ser triste. Desarraigado, su vida, sin embargo, es como la de uno de esos “poetas que parecen oráculos”, que crean sus obras a través del inconsciente, aunque “los tiempos de gran escritor se han terminado para siempre”. Así, al principio de la novela, nos encontramos a un tal David Truscott, antiguo compañero de la escuela secundaria y al que Coetzee recuerda como alguien al que “incluso a edad tan temprana, le parecía evidente que estaría mejor fuera de la escuela, lejos del latín y el álgebra, contando billetes en un banco o vendiendo zapatos”. El reencuentro con Truscott, ahora floreciente experto en marketing, le servirá de excusa para lanzar una de las preguntas clave de su novela. Si “David Truscott, que no entendía la x ni la y, es un floreciente experto en marketing, mientras que él, que no tuvo la menor dificultad para entender la x y la y, junto con otras muchas cosas más, es un desempleado intelectual, ¿qué indica esto sobre el funcionamiento del mundo?”. ¿Es aprender las cosas una pérdida de tiempo?

Éste es el mundo de Coetzee. Un mundo equivocado. Un mundo donde su protagonista ha aceptado que no pertenece a ningún lugar y utiliza su arte como una herramienta del destino, como un espéculo para reflejarse y reflejar su propia realidad, una realidad de la que cree ser el único consciente y que los demás no se paran a leer. Una realidad oracular que entronca con la auténtica, que la construye.

“-Escribe un libro. Escribe un bestseller. Gana un montón de dinero.

Es sólo una broma pero él se lo toma en serio.

-No sabría escribir un bestseller – le dice -. No sé lo suficiente sobre la gente y sus fantasías. En cualquier caso, no ha sido ese mi destino.

-¿Qué destino?

– El destino de ser un escritor rico y con éxito.

– Entonces, ¿cuál ha sido tu destino?

– Exactamente mi situación actual. Vivir con un padre mayor en una casa del barrio residencial que tiene goteras en el tejado.

– Eso es cháchara tonta, una manera de hablar slap. Está hablando el Coetzee que está dentro de ti. Podrías cambiar tu destino mañana mismo si te lo propusieras”.

Una realidad en la que los demás le observan con asombro, como observaban los monos babuinos al “viejo babuino macho mientras contemplaba la puesta de sol, el jefe del grupo, aquél del que Marais se sentía más próximo. “Nunca más – pensaba -. Una sola vida y entonces nunca más. Nunca, nunca, nunca.””

Marisol Pérez


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